Investigadores, constructores y autoconstructores argentinos impulsan una nueva generación de estufas de masa que promete reducir el consumo de leña, disminuir las emisiones contaminantes y mejorar el confort térmico de las viviendas. Desde la Patagonia hasta las sierras cordobesas, distintas experiencias demuestran que es posible calefaccionar mejor aprovechando casi toda la energía del combustible.

Durante siglos, la leña fue uno de los recursos energéticos más importantes para calefaccionar hogares. Sin embargo, gran parte de los sistemas que aún se utilizan en la actualidad conservan un problema de origen: desperdician buena parte del calor producido y liberan a la atmósfera humo, partículas y gases que podrían haberse transformado en energía útil.
Frente a ese escenario, un grupo de constructores argentinos viene desarrollando tecnologías que recuperan conocimientos ancestrales de la calefacción por masa térmica y los combinan con mediciones modernas, nuevos diseños y criterios de eficiencia energética. El objetivo no es solamente construir una mejor estufa, sino cambiar la manera en que se aprovecha el calor de la leña.
Las experiencias presentadas recientemente por especialistas de la Patagonia y de Córdoba muestran que la calefacción a biomasa todavía tiene un enorme potencial de innovación cuando se comprende cómo ocurre la combustión y cómo almacenar el calor antes de que escape por la chimenea.
La presentación que dá origen a esta nota sucedió en el marco del 10º Encuentro nacional de la Red Protierra Argentina en Merlo, San Luis y se dividió en dos momentos, ambos disponibles en el canal Youtube de la red. El primero se enfocó en Estufas de Inercia Térmica en climas muy fríos, Experiencias en Patagonia Andina ( a cargo de Carlos Ponticelli, constructor especializado en estufas de mampostería (Masa Térmica), y Rodolfo García Nuñez, arquitecto y bioconstructor (Cuchara y Barro). https://www.youtube.com/watch?v=a4em1fGmCQ8
Descargá aqui la presentación https://redprotierra.com.ar/wp-content/uploads/2026/07/Estuferia-eficiente-en-Patagonia-Andina-Encuentro-RedProTierra-Merlo.pdf
La Segunda presentación titulada Estufa Chunkana y sus variaciones estuvo a cargo del Arq. Andres Mallol (deAtelier Arquitectura y tierra) y Edgardo Gailhou (Fogosa Calefacción). https://www.youtube.com/watch?v=mM8YmrgXYI4&t=217s
Descaregá aquí la presentación en pdf: https://redprotierra.com.ar/wp-content/uploads/2026/07/Chuncana.pdf
La diferencia entre una estufa convencional y una estufa de masa parece sencilla, aunque implica un cambio profundo de concepto.
En una salamandra tradicional el objetivo suele ser generar calor rápidamente. La mayor parte de la energía producida por la combustión abandona la vivienda junto con los gases calientes que salen por la chimenea. En cambio, las estufas de masa obligan a esos gases a recorrer un circuito interno construido con ladrillos y otros materiales que absorben la energía y la almacenan durante horas.
Ese comportamiento convierte a la propia estufa en una batería térmica capaz de seguir irradiando calor mucho después de que el fuego se haya extinguido.
Para lograrlo, los desarrolladores trabajan sobre tres variables fundamentales: alcanzar temperaturas muy elevadas dentro de la cámara de combustión, garantizar el tiempo suficiente para que los gases terminen de quemarse y generar la turbulencia necesaria para completar ese proceso. Cuando esas condiciones se combinan, la combustión aprovecha casi todo el potencial energético de la madera y reduce considerablemente la emisión de humo.
Uno de los aspectos más novedosos de la experiencia patagónica es la incorporación de herramientas de medición que hasta hace pocos años eran poco habituales entre los constructores de estufas.
Mediante analizadores de gases de combustión, el equipo evalúa el contenido de oxígeno, dióxido de carbono, temperatura de chimenea y otros parámetros que permiten calcular el rendimiento real de cada diseño.
Las mediciones presentadas muestran que algunos modelos alcanzan eficiencias de combustión cercanas al 94 %, lo que significa que casi toda la energía contenida en la leña termina transformándose en calor para la vivienda y no se pierde por la chimenea.
Al mismo tiempo, mantener bajas temperaturas en la salida de humos indica que el calor quedó almacenado en la masa de ladrillos, desde donde será liberado lentamente durante las siguientes horas.
Una carga de leña para todo el día
La consecuencia práctica de ese funcionamiento es una notable reducción del consumo de combustible.
Los expositores explicaron que, en viviendas patagónicas correctamente aisladas, una única carga de entre 12 y 16 kilogramos de leña puede mantener temperaturas interiores confortables durante un período de entre doce y veinticuatro horas.
En lugar de alimentar el fuego permanentemente, el usuario realiza una combustión intensa durante un tiempo relativamente corto. Luego cierra el sistema y deja que la enorme masa de ladrillos irradie el calor acumulado de forma constante.
Los registros térmicos exhibidos durante la presentación muestran que la temperatura interior prácticamente no presenta las bruscas oscilaciones típicas de las salamandras metálicas, donde el ambiente alterna entre momentos de exceso de calor y períodos de enfriamiento cuando el fuego comienza a apagarse.
La Chuncana: eficiencia al alcance de cualquiera
Mientras en la Patagonia el trabajo apunta a perfeccionar sistemas de alto rendimiento para viviendas de climas extremadamente fríos, desde las sierras cordobesas surgió una propuesta con un objetivo diferente pero complementario.
La estufa Chuncana nació como respuesta a un proyecto de reemplazo de salamandras en barrios vulnerables. Sus creadores buscaban una solución económica, sencilla de construir, fácil de reparar y capaz de ofrecer una combustión mucho más eficiente que los sistemas tradicionales.
El resultado fue una estufa compacta basada en principios de las conocidas estufas Rocket, combinada con una pequeña cámara de acumulación térmica y un banco calefaccionado que prolonga la entrega de calor una vez finalizada la combustión.
La aceptación superó todas las expectativas. Según sus desarrolladores, en apenas cuatro años se construyeron alrededor de 2.500 unidades en distintos países de habla hispana, impulsadas por la difusión abierta de planos y técnicas constructivas.
Una de las características más llamativas de la Chuncana es que fue diseñada para construirse con materiales disponibles prácticamente en cualquier localidad.
Ladrillos comunes, ladrillos cerámicos huecos, arena, arcilla y un tambor recuperado forman parte de una propuesta que privilegia la simplicidad antes que la sofisticación tecnológica.
El tambor metálico cumple una función importante: entrega calor inmediato apenas se enciende el fuego, mientras que el banco de mampostería almacena energía y la libera lentamente durante la noche.
Además, la superficie metálica puede utilizarse para cocinar, transformando la estufa en un dispositivo multifunción especialmente pensado para viviendas familiares.
La importancia de la buena combustión
Más allá de las diferencias constructivas, ambas experiencias coinciden en un principio fundamental: no toda la leña produce el mismo resultado.
La humedad del combustible, el tamaño de los troncos, la cantidad de oxígeno disponible y la geometría de la cámara de combustión determinan cuánto calor podrá aprovecharse realmente.
Cuando la combustión es incompleta aparecen grandes cantidades de humo visible, indicador de que una parte importante del combustible se está perdiendo sin liberar toda su energía.
Por el contrario, una combustión completa permite extraer mucho más calor utilizando menos leña y reduce considerablemente las emisiones contaminantes. Los desarrolladores recomiendan utilizar madera seca y, preferentemente, piezas pequeñas provenientes de podas o especies de rápido crecimiento como álamos y sauces, evitando el uso innecesario de maderas nativas duras.

Los proyectos presentados también muestran que las estufas de masa evolucionan hacia sistemas integrales para la vivienda.
Existen modelos que incorporan hornos para cocinar, bancos calefaccionados, distribución pasiva de aire caliente hacia otras habitaciones e incluso intercambiadores para calentamiento de agua, aunque estos últimos requieren un diseño hidráulico específico para garantizar la seguridad del sistema.
La tendencia, sostienen los especialistas, es pensar la calefacción desde el diseño arquitectónico y no como un artefacto agregado al finalizar la obra. Integrar la estufa desde los planos permite distribuir mejor el calor, optimizar recorridos y aprovechar al máximo la inercia térmica de la construcción.
Una innovación con impacto social y ambiental
En un contexto donde el costo de la energía crece y la contaminación por humo residencial constituye un problema cada vez más visible en numerosas ciudades cordilleranas, estas tecnologías aparecen como una alternativa capaz de combinar eficiencia energética, menor impacto ambiental y ahorro económico.
Reducir el consumo de leña implica menos trabajo de extracción, menor presión sobre los recursos forestales y una disminución significativa de las emisiones derivadas de combustiones ineficientes.
Pero quizá el cambio más profundo sea cultural. Las experiencias compartidas por ambos equipos promueven el intercambio abierto del conocimiento, la capacitación de nuevos constructores y la posibilidad de que cada comunidad adapte estas tecnologías a sus propias necesidades climáticas y sociales.
Lejos de tratarse de una vuelta al pasado, las estufas de masa representan una síntesis entre saberes tradicionales, ingeniería térmica y construcción sustentable. Una demostración de que, incluso en una tecnología tan antigua como el fuego, todavía queda mucho espacio para innovar.