Una casa de Quincha en Escobar inspirada en las carpas tipi

Una casa de Quincha en Escobar inspirada en las carpas tipi

En las afueras de la ciudad, un proyecto de bioconstrucción está redefiniendo el concepto de confort y refugio. La casa de la interiorista Virginia Escribano en un barrio permacultural de Escobar se destaca no solo por su integración con la naturaleza, sino por una arquitectura funcional que prioriza materiales de bajo impacto y un diseño inspirado en la geometría natural.

En el proyecto participaron varios integrantes de la Red Protierra Argentina, las arquitectas Pamela Vicens y Viviana Camos realizaron el proyecto junto con la propietaria, el ingeniero Juan González se ocupó de verificar la estructura, el arquitecto Nicolás Mayer realizó el proyecto ejecutivo y la construcción estuvo a cargo de Ezequiel Braile, de Brahama Arquitectura.

Del Tipi al diseño octogonal

El eje central del proyecto se basa en la búsqueda de un «hogar de cuentos» y un «refugio», una visión que se materializa en la inusual puerta de entrada de forma redonda.

A nivel de planos, la casa adopta una distribución poco convencional: su inspiración fue una carpa tipi, lo que llevó a diseñar la cocina como el ambiente principal y central. Esta ocupa una planta octogonal de la cual se desprenden los demás espacios «como pétalos de una flor». Esta disposición no solo le da protagonismo al corazón del hogar, sino que facilita la convivencia y el diálogo constante entre los habitantes.

Quincha y revoques de tierra

La elección constructiva fue totalmente alineada con la filosofía de mínimo impacto. La estructura se levantó utilizando la técnica mixta quincha: una estructura de madera rellena con paja y barro.

Los acabados exteriores e interiores son un testimonio de la autenticidad de la bioconstrucción:

  • Revoque Exterior: Se aplicó una mezcla de tierra, arena, fibras y bosta de caballo, una combinación tradicional que mejora la resistencia del material a la intemperie.
  • Revoque Interior: Para los ambientes internos se utilizó una pátina artesanal con textura visual, compuesta por una mezcla de engrudo (pasta de almidón), arena y caolín.

Techo vivo y ventanas circulares

La funcionalidad del diseño se complementa con elementos sustentables clave:

En lugar de una cubierta convencional, la casa luce un techo vivo. Para su construcción, se reservó la propia tierra excavada para la platea, permitiendo conservar un banco de semillas nativas preexistentes. Este sistema no solo proporciona un excelente aislamiento térmico para el verano, sino que integra la casa al terreno, convirtiendo el techo en una extensión de la biodiversidad circundante.

El diseño lumínico y visual es fundamental. Se combinaron aberturas de demolición con ventanas DVH (Doble Vidriado Hermético). Destacan las ventanas cenitales y, especialmente, la gran ventana circular ubicada junto a la cama en el dormitorio principal. Este ambiente, el único en la planta alta y revestido exteriormente en madera de laurel, fue concebido para que sus ocupantes se levanten «con la luz del sol», en contacto directo con la copa de los árboles y los ciclos naturales.

En definitiva, esta vivienda es un ejemplo de cómo la arquitectura puede fusionar la estética de un diseño inspirado en la fantasía con la solidez de las técnicas de bioconstrucción, creando un hogar que es, a la vez, funcional, sostenible y profundamente arraigado en su entorno natural.


Fuente: Revista Living de La Nación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *